sábado, 3 de noviembre de 2012

COSTUMBRES QUE ABRAZAN EL RECUERDO



“…ya sea con ceremonias o solo con el recuerdo y el silencio, ellos están presentes, siempre, en el corazón.”

Los días 1° y 2 de noviembre, Día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, son dedicados a abrazar con el recuerdo y diferentes ceremoniales a los seres queridos que partieron a otro cielo.
Desde la antigüedad, la conmemoración  de los muertos constituye una celebración especial tanto en el oriente como en el occidente, y se la manifiesta de diferentes maneras. La fe religiosa mezclada con las tradiciones, las costumbres, las creencias populares, señala que las almas de los que se fueron regresan del cielo a las casas donde vivieron, en encuentro emocionado.
Cuando los  conquistadores llegaron a América en el siglo XV existía esta práctica pagana y en el deseo de interculturalizar las costumbres, los católicos intentaron que las fechas coincidieran con el calendario católico.    Desde Colombia hasta Mendoza, aquí, en Jujuy, en la Quebrada como en la Puna y a lo largo de todo el Tawantinsuyo, este ceremonial necesita centrar  la mirada en los seres queridos que murieron para  expresar la nostalgia. Sus obras, sus haceres han quedaron marcados en la travesía de la existencia. Por eso las jornadas de meditación, de tristeza y remembranzas, de presencias eternas en el afecto.
Lo cierto es, que ya sea con ceremonias o solo con el recuerdo y el silencio, ellos están presentes, siempre,  en el corazón.
 Susana Quiroga

lunes, 22 de octubre de 2012

MADRE, depositaria de la memoria que engendra y alimenta el fuego de la existencia.


Madre e Hijo por Gustav Klimt
Decir madre es pensar en la mujer que teje las redes de amor y trabajo en el hogar y fuera de él, en la tierra como la Pachamama, en el regazo de la vida misma. Esta mujer que almacena su psicología con múltiples yoes  que la enriquecen, nunca deja de ejercer el de madre. Es esa mujer para quien los hijos siempre están presentes en su mente y en su corazón. Rol inefable y eterno, inclaudicable, incomprensible para algunos espíritus que no pueden dimensionar la entrega maravillosa de amor. Sabemos que no siempre es correspondido en la magnitud de su generosidad hacedora. Pobre de aquellos que no lo pueden hacer. Felices, los que comprenden tal magnitud, y con valentía, más allá del tiempo y la distancia, reconocen su tibieza y valoran el entramado de la sangre y del corazón.
Quien sabe amar y respetar a su madre, seguramente, tiene un lugar especial en la cosecha de la eternidad. Los días adquieren aroma de primavera ante este sentimiento cercano y lejano, sabio y prudente, sumiso y noble de la creación.
¡Felicidades en tu Día, mamá, depositaria de la memoria que engendra y alimenta el fuego de la existencia!

Susana Quiroga



Duermo junto a mi madre
acurrucadas
heridas de ternura
mis piernas tocan sus piernas
esas piernas que me sostuvieron
nueve lunas
y un día me lanzaron
a la luz de la vida

nos separan unos cuantos atardeceres

/ya tengo grises en mi pelo/

nos encuentran amaneceres
radiantes
de sol de viento de tierra de lluvia
el canto de los gallos
el olor a lápices y cuadernos
a dulces y calientes naranjas
de los inviernos
en la cocina de hierro

la madre inclinada en la pileta
abrazaba el jabón blanco
en las pesadas sábanas
el hacha trozaba los leños
con la fuerza de sus frágiles brazos.

ahora
las dos dormimos acurrucadas
heridas de ternura con las manos unidas
llenas de luz
en el tejido de haceres y recuerdos
de dolores
y amores 

De Vuelve cuando la lluvia


jueves, 18 de octubre de 2012

POESÍA DE UN TIEMPO SIN TIEMPO




“…Otra vez sostiene
la aguja tejedora
enhebra
desenhebra
una y otra vez
palabras que se buscan
y se abrazan 
se atan para siempre…” B.S.                    

Una vez más, nos llega el suave e intenso lirismo de una poeta que vivió largo tiempo entre nosotros, más de treinta años, Blanca Spadoni. Los días la han llevado a Córdoba, pero  su poesía destella, adonde quiera que esté. Nos envía un texto nacido de un tiempo sin  tiempo, de un  devenir existencial repetido por las emociones que, en este caso, el título nos lo enuncia, La herida.
Bellas imágenes de mujer tejedora que trenza la vida en un rico tapiz de sentimiento y palabra. Percibimos a la mujer enamorada de la poesía que le permite expresar a un sujeto de pasión conmovido por el hacer de la existencia. Mujer hacedora que urde el tapiz de sueños y de sollozos con un lenguaje aparentemente sencillo, pero  rico, despojado y auténtico.
Profesora en Letras, publicó en poesía, Las Huellas infinitas, Palabra de piedra, palabra de agua, Los colores del grito, Intensidades.
Deseamos que sigan llegado a los lectores las redes de su poesía que, siempre, nos enriquecen.

Susana Quiroga

LA HERIDA


Con la mirada tejedora
de punto arriba abajo
hilos que se cruzan y lazadas
ella entreteje sutilmente
la trama
del sentimiento y la palabra

Va deletreando
con delicado esmero
las sutiles hiladas
de un chal confuso y permanente
que la envuelve
asfixia
y abandona

Otra vez sostiene
la aguja tejedora
enhebra
desenhebra
una y otra vez
palabras que se buscan
y se abrazan
se atan para siempre
en la urdimbre del verbo
que elabora

Es la red de punto cruz
y punto nuevo
tres puntos guión
aquí mayúscula
y la sangría
que nunca se termina
en el comienzo

Qué más decir
del soñado tapiz que el corazón
solloza

                                                                                          Blanca Spadoni-Zûrcher

domingo, 16 de septiembre de 2012

DOCENCIA, SIEMPRE PRIMAVERA



“… Enseñarás a volar
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
                pero no soñarán tu sueño…”
T de C.

Estamos viviendo días de primavera, y simultáneamente recordando el ser docente. Difícil misión del maestro o profesor. Su objetivo, el mismo: enseñar, educar con FE, fe en el  niño, en el joven, en su presente, en el futuro. De esa fe nace el compromiso con el hombre y con el acontecer que señala.
                Como docentes, luchamos para brindarles armas para que sean mejores personas, para que sepan que, a pesar de las sombras, la mayor parte de la humanidad quiere volar, soñar, cantar, vivir.
                Teresa de Calcuta decía: “Enseñarás a volar/ pero no volarán tu vuelo. / Enseñarás a soñar, /pero no soñarán tu sueño…” Lo importante, las herramientas recibidas que ayudarán a construir un mundo superior al de sus maestros.
                El 11 septiembre, Día del maestro, en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento que murió ese día en 1988.  Sarmiento creía en la educación, como lo expresa el Himno dedicado a él: “Por ver grande a la Patria tú luchaste / con la espada, con la pluma y la palabra…”
                Y el 17 de septiembre, Día del Profesor, en homenaje a José Manuel Estrada, uno de los más destacados intelectuales de su época. Había nacido el 13 de julio de 1842 en Buenos Aires y murió el 17 de setiembre de 1894 en Asunción del Paraguay. Figura apasionada, testimonio digno del tiempo.

                Y hoy, en esta casi primavera, cuando las ramas de los sauces caen bellamente y se visten de nuevas hojas, cuando la naturaleza toda renace con aromas milagreros, quiero recordar a mis maestros, a mis profesores, aquellos que me formaron con pasión y exigencias, y a quienes escuchaba con emoción. Los veo caminar por nuestras calles, a los que partieron a otro cielo, en mi corazón.  Sus voces claras perviven en mi emoción. Es entonces, cuando anhelo haber logrado la repetición de ese sentimiento  mágico para que el entramado maravilloso del dar y recibir siga tejiendo la existencia.

¡Felicidades docentes, adelante con fuerzas, generosidad y alegría, con esperanzas en los sueños, que se renuevan y florecen como la naturaleza, en primavera.
En vuestras manos, palpita un umbral, una gracia, un canto.
Susana Quiroga