Agosto, mes de la Pachamama, celebración ancestral que
honra y renueva las energías nacidas en el vientre de la tierra.
Agosto de vientos tumultuosos que nos llenan de hojas, de
ansias, de tierra.
Agosto cálido, nos dices que la Mama Pacha está presente
en el sol violento que nos hace arder el rostro y el corazón, enlas estrellas más cercanas a nosotros en las noches abiertas. Y
la luna redonda nos ilumina con su brillo. Entonces, nos preguntamos sobre su hechizo y vivimos un tiempo bravío que
nos vivifica.
Madre Tierra, deidad nuestra. Estás en la naturaleza, en los
manantiales y vertientes. En la apacheta que alimentamos cere-
moniosamente con hojitas de coca, con aguardiente o yerba,
con moneditas simbólicas de anhelos. En la mujer que da sus
frutos al mundo, en la Virgen que nos cobija, en las cosechas
y alegrías de la vida.
Y cada uno challa la tierra, con su comida y canto, con sus
gestos y entregas. Y en esa comunicación recíproca de dar y
recibir, nosotros ofrendamos palabras de nuestra intimidad,
frases que denuncian sueños y fulgores, discursos que reflejan
la vida. Porque de eso trata la existencia, de dar y recibir gozo
sa y solidariamente.
Pachamama, divinidad creadora, protectora, proveedora de
los hijos de esta tierra, no nos abandones. Los hombres quere-
mos alimentarte con acciones de paz, culturales y sociales.
Queremos sembrar sueños de lealtad, estética y libertad.
Honremos a la Pachamama con nuestro cuidado y respeto.
¡Kusilla, kusilla, kusilla!
Soy la jardinera sin paga
y de a puchitos
que entre flor y flor
quita las hojas secas
y agita para que no se caigan
a borbotones
las semillitas
Por eso
cuando emerge la flor
en no sé qué momento
el perfume y el color
me extasían.
Desmedido pago
me está obligando
a la siembra
perenne
de la poesía
Susana Quiroga




